Sua-bbatum

Rubén García


Nuevo semestre, mismo yo


Es enero, el ocaso de otro semestre. Para algunos el horizonte luce bañado en los arreboles de un buen desempeño, para otros la cosa está como el bisoñé de un yucateco en pleno huracán de categoría 5. Por eso, antes que nada, me gustaría mandar un abrazo a todas la comunidad de estudiantes del SUA, como muestra de felicitación para quienes aprobaron todo y como gesto de compasión con quienes sucumbieron por la carga de materias.
Hablando de las asignaturas, enero es también mes de reinscripciones. Para los que quieren saber lo que es una verdadera guerra, déjenme decirles que Trump e Irán quedan como pelea de vestidas borrachas comparado con los alumnos del sistema abierto intentando meter sus materias. ¿Petróleo? ¡Ja! Ahí hay mucho en Campeche, esto es mi horario contra el tuyo: no hay piedad ni empatía. La batalla dura apenas 15 minutos, lapso en el que el bando ganador conquista los mejores grupos; luego de eso bajan los carroñeros para alimentarse de las materias que sobraron y, al final, quedan las ánimas del limbo: entes que vagan sin saber en qué semestre están, llorando y gimiendo en el valle de la desolación.
Por mi parte, entre mis propósitos de año nuevo está hacer ejercicio. El otro día iba caminando por el Paseo de la Reforma y cuando llegué a la fuente de la Diana Cazadora no puede evitar mirar el tremendo piernón que se carga la señora. De manera impulsiva y con una envidia incontenible exclamé: «¡Maldita! Qué buen trabajo le hizo el cirujano» Luego recordé que es cazadora y que por ende sus piernas son naturales. Como yo no tengo tiempo de hacer deporte ni ejercicio idee un plan para conseguir unos muslos escultóricos como los de ella: todos los sábados, antes de irme de la Facultad, voy a subir y bajar diez veces la rampa del estacionamiento, con eso bastará hasta para ganar condición física. Quienes quieran unirse al reto, nos vemos allá el primero de febrero a las 12:45 pm.
Yo me despido, compañeros. Les deseo un semestre exitoso y que ojalá no les toquen profesores antiecológicos que gustan de dejar 50 copias de lectura por tutoría. Luego uno ya no sabe qué hacer con tanta hoja: se traspapelan, se maltratan, se pierden o de plano ya no sabes ni dónde guardarlas… Pero bueno, relajen el cuerpo, respiren profundo, preparen la cafetera y a darle con todo al 2020-2.

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